PASCUA JUVENIL EN MALPARTIDA DE CÁCERES. 2018. “ESTO ES LO QUE BUSCO”.

Un nuevo escenario, una climatología incierta y las mismas ganas e ilusiones de siempre se dieron cita en los terrenos del Albergue de San Isidro en Malpartida de Cáceres para celebrar la Pascua Juvenil desde el 29 de marzo al 1 de abril.

En torno a ochenta personas, procedentes de diversos lugares con vinculación franciscana, se encontraron en un ambiente que invitaba a seguir la celebración desde los valores que caracterizan a la orden de San Francisco de Asís y siempre bajo el lema escogido por la Pastoral Juvenil para el presente curso: Esto es lo que busco.

Los actos arrancaron la mañana del Jueves Santo con una gymkana de presentación en la que nuestros jóvenes tenían que sortear una serie de “tiendas” para engalanarse debidamente a la celebración de este Triduo Pascual. Tras la comida tuvo lugar el rito de apertura, escenificado por el grupo encargado de representar los “sentidos del día”, y la primera toma de contacto de los diferentes grupos, encaminada tanto a la reflexión sobre la Última Cena como a la preparación litúrgica de los Santos Oficios: “Te encontré al lavar los pies”. La celebración de la Cena del Señor tuvo lugar en la Ermita de San Isidro que se encuentra junto a los terrenos del mencionado albergue. Especial mención merecen el lavatorio de los pies y la consagración-comunión con la posterior Reserva eucarística. La jornada se cerró con una Adoración eucarística en la que nuestros jóvenes participaron con cantos y con gestos que simbolizan su compromiso con Dios y sus hermanos de Fe, recordando y acogiendo la invitación de Jesús a orar en mitad de la noche.

Las nubes que en la noche del Jueves empezaron a encapotar el cielo, se hicieron aún más visibles la mañana del Viernes Santo, acompañadas de un frío agudo, un viento fuerte y una lluvia débil pero persistente. Eso no pudo evitar que en torno al mediodía se celebrara en el exterior de los terrenos el Vía Crucis, cuyas estaciones eran rezadas y preparadas por los diferentes grupos: “Te encontré en la Cruz”. Una canción, una pequeña representación teatral…y el árbol de la Cruz anunciando la cercanía de la hora Nona, en la que recordamos la Muerte del Señor. Pero la muerte no tiene la última palabra, y ese fue el hilo conductor de la temática por grupos de aquella jornada: el mensaje de amor que hay en la Cruz. Con mayor recogimiento aún que en el día anterior se celebraron los Santos Oficios de la Pasión del Señor con la posterior Adoración de la Cruz, donde se materializaron muchas de las emociones de nuestros pascuistas.

“Te encontré en la duda”. El Sábado Santo es un día propicio para ello. Jesús ha muerto. No está en el Sagrario. La primera lección de una larga jornada viene de la mano de unas semillas, unos papeles quemados y un poco de tierra para enterrar aquello que hay que dejar atrás. El grano de trigo ha de morir si quiere dar fruto. Es el día del Desierto, uno de los momentos claves de nuestra Pascua. Momentos de reflexión y también de inquietud, de meditar mientras se pasea calladamente entre piedras y árboles o se contempla sentado el reflejo del Hermano Sol sobre las aguas del lago. Tiempo asimismo para el sacramento de la Reconciliación y para charlar con los monitores en búsqueda de consejos, opiniones o simplemente, intercambio de experiencias. Otras experiencias fue lo que encontraron nuestros jóvenes en los enriquecedores testimonios de personas que nos mostraban diferentes vidas de Fe, no exentas de cruces…y no exentas de Resurrección. La última reunión grupal se centra en el mencionado Desierto así como en hacer un balance sobre la Pascua y preparar la Gran Vigilia de la noche, que fue la apoteosis de la jornada y de toda la Pascua. Jesús Resucita para seguir entregándonos su amor. El fuego enciende el Cirio Pascual. La luz se alza en medio de la oscuridad. El agua se bendice y nuestros jóvenes claman con sus cantos, con sus oraciones y con su compromiso la buena nueva, al tiempo que aceptan el mensaje del Señor, del león de la tribu de Judá: VIVE.

Tras la Vigilia, la convivencia de todos hecha velada. Y tras la velada, el descanso. Quedan pocas horas. Amanece un Domingo de Resurrección en el que apenas hay tiempo para recoger los equipajes personales, realizar la limpieza de las instalaciones y dar Gracias al Señor por los frutos nacidos de una nueva experiencia, que han sido regados por el amor y la amistad, por el cariño y la fraternidad dados por Dios y que cuentan con la colaboración de San Francisco. Parte de esos frutos nos lo entregaron a través de quienes han hecho posible esta aventura: un estupendo grupo de monitores, atentos y cercanos, un equipo de cocina que llevaba consigo la bandera de la amabilidad y del servicio, un fantástico coro que ejercía de perfecta banda sonora en los diferentes actos del Triduo Pascual, una exquisita y calculada decoración, unos sentidos del día precisos, contundentes y un asesoramiento espiritual por parte de Fray Miguel Ángel y Fray Madueño, que presidió las celebraciones del mencionado Triduo Pascual. No se debe de olvidar el exhausto trabajo que ha requerido por parte del coordinador, Ismael, así como la gran aceptación que ha tenido entre nuestros jóvenes el nuevo escenario donde se ha celebrado la Pascua. Unos jóvenes que han vuelto a hacerlo. Que han demostrado que existe una juventud comprometida con su Dios, con su Fe, con su Iglesia. Como dijo en cierta ocasión el Cardenal franciscano Carlos Amigo Vallejo, “Las cosas grandes no se comprenden, se viven”. Sigamos viviéndolo. Ahora con la alegría de la Resurrección.

Y con una buena brújula para no perder el Norte y seguir buscando, nos despedimos con el deseo de Jesús: encontrarnos en Galilea.

 

Provincia Franciscana de la Inmaculada Concepción
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