Domingo 27º TO: "Ya no son dos, sino una sola carne"

03 Octubre 2021

Ya no son dos, sino una sola carne. Hoy vivimos con muchas facilidades, con muchas comodidades; casi todo lo tenemos al golpe de un click o de mover un solo dedo. Quizás eso también esté contagiando nuestra manera de ver la vida y de comprometernos. Lo que cuesta trabajo, esfuerzo, dedicación... lo queremos con la misma rapidez o la misma facilidad. 

Eso hace también que lo que conseguimos con un pequeño gesto nos cansemos pronto. Y eso puede también que se proyecte a nuestra vida personal y no tengamos la paciencia suficiente, la constancia que se requiere, para asumir compromisos. Nos cansamos, nos aburrimos... demasiado pronto y en cuestiones en el que nuestra forma de vida está en juego: las parejas, nuestro compromiso de fe, nuestros grupos, voluntariados... De ahí la importancia que en nuestra vida tengamos un proyecto personal de vida consciente que podamos revisar y confrontar con algún hermano, sacerdote, religioso/a... Tenemos que seguir trabajando ese aspecto de nuestra vida que, a veces, se nos cuela casi sin darnos cuenta y cuando queremos tomar medida es demasiado tarde. 

Paciencia, constancia, trabajo, esfuerzo, dedicación, sueños, tiempo... asúmelos en tu vida como algo muy necesario para seguir creciendo.

 

Lectura del santo evangelio según Marcos 10, 2-16

En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús, para ponerlo a prueba: "¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?" Él les replicó: "¿Qué os ha mandado Moisés?" Contestaron: "Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio." Jesús les dijo: "Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios "los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne". De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre." En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: "Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio." Le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: "Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él." Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.