Domingo 2º Pascua: "Hemos visto al Señor"

11 Abril 2021

Hemos visto al Señor. Todavía me acuerdo cuando iba al pueblo de mis abuelos y paseaba por sus calles viendo todas las puertas abiertas, incluso, a veces, cuando atardecía, la gente se sentaba en sus puertas a charlar tranquilamente.

Cuando llegaba a casa de mis abuelos, entraba sin llamar, bajaba las escaleras sin llamar, gritando ¡abuelo, abuela! Y ellos se asustaban con la sorpresa, pero era un susto lleno de alegría; en cuanto me escuchaban, dejaban lo que fuera y corrían hacia mí para abrazarme y llenarme de besos.

Hoy, mientras tanto, se nos ha enseñado a cerrar las puertas, con cerrojos reforzados, incluso con dos o más cerrojos... Quizás por miedo, para que nadie entre sin nuestro permiso, para que no nos molesten, para que no nos roben... Y a veces nuestro corazón está con las puertas cerradas y blindadas. Y aún así, la fuerza del Resucitado entra con todo su poder y esplendor para llenarte de su Espíritu, para llenarte de su paz. 

Abre tu corazón, no tengas miedo, deja que entre la Resurrección y la Vida en tu casa, llénate de su fuerza, de su paz, de su alegría... Ahora te toca a ti mostrar tus manos y tus pies al mundo para que también sean testigos de la Resurrección: manos tendidas, manos hacedoras, manos que acarician, manos que empujan... pies para caminar, para acompañar, para estar en movimiento, para no quedarte en el derrotismo, ni en la "quejitis aguda"...

Abre tu corazón para poder decir: He visto al Señor y te lo vengo a contar.

 

Lectura del santo evangelio según Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: "Paz a vosotros." Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: "Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado así también os envió yo." Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos."
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor." Pero él les contestó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo."
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: "Paz a vosotros." Luego dijo a Tomás: "Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente." Contestó Tomás: "¡Señor mío y Dios mío!" Jesús le dijo: "¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto."
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.