Pascua 2021 en Alcalá: Porciúncula y Rieti

27 Abril 2021

En Alcalá hace unos días nos contaban cómo descubrieron en el Triduo Pascual el regalo + grande. Hoy tenemos la suerte de poder leer dos testimonios de dos jóvenes, de la etapa Porciúncula y Rieti. Esperamos que os guste.

Este año, la Semana Santa la comenzamos con ganas e ilusión, era un regalo poder vivirla toda Porciúncula (Ruah y Betsaida). Yo la empecé como una aventura más para estar con el Señor, para poder acercarme un poquito más a Él y ver qué sorpresas tenía para mí.

El Jueves Santo es un momento en el que lo importante es compartir todo el amor que tenemos dentro con las personas que nos rodean. Comenzamos la mañana con las Laudes, una motivación del día y un grupo bastante dinámico. El fin de todas estas maravillosas cosas era encaminar nuestro día a lo que el Señor nos indicase. Al llegar la tarde, tuvimos los Oficios de la Cena del Señor y posteriormente la Hora Santa. Yo no pude acudir a todo lo que se propuso en el día, pero pregunté a mi grupo cómo lo había vivido y ese momento me lleno muchísimo.

El Viernes Santo lo empezamos como el día anterior. El grupo de ese día lo encaminamos a las distintas cosas a las que tuvo que renunciar María. Vimos que todo en esta vida se basa en la toma de decisiones, al elegir una opción renuncias a la otra y eso puede ocasionar dolor y sufrimiento. También hemos observado que, aunque esas decisiones pueden causarnos sentimientos que no nos gustan demasiado, luego, a posteriori, se convierten en sentimientos de alegría. Por la tarde, celebramos los Oficios después de la muerte de Jesús y, por la noche, la Adoración a la Cruz. Este día pude acudir a todas las actividades programadas; desde mi punto de vista, el momento de la Adoración a la Cruz me llenó muchísimo. Sentí al Señor muy cerca y comprendí el dolor que había sentido durante todo ese día. Estuvimos en la capilla de la Iglesia; al conocernos todos, fue todo muy familiar y eso me llenó el corazón de alegría.

El Sábado Santo pudimos vivir nuestro desierto en la Parroquia de Cristo de la Paz (Madrid) junto al grupo llamado Israel. Fue un momento que compartimos con el Señor, dejamos nuestra mente en blanco y escuchamos lo que Dios quería de nosotros; también hubo confesiones. Cuando yo era más pequeña no me gustaban nada las confesiones, pero con el tiempo he sabido que son muy necesarias y luego sientes una paz que es muy difícil explicarla a través de un relato. Por la noche, fuimos a la Vigilia Pascual, esta vez cada uno en su Parroquia; es una de las Eucaristías más preciosas que hay y cuando realmente consigues entrar en ella, sientes realmente que estás con el Señor. Pudimos gritar, cantar y bailar que Jesús RESUCITOOOOÓ! Y eso nos llenaron los corazones de alegría e ilusión.

El domingo, por último, cerramos la Pascua con la Eucaristía y una acción de gracias. Cada persona contó de forma muy resumida las cosas que más había sentido en esta Semana Santa. Yo compartí que muchas veces podemos pensar que estamos lejos de Dios, pero que Él siempre se va a acercando a nosotros y no importa en qué lugar nos encontremos para vivir la Pascua, lo más importante es vivirla con y para el Señor. Este mismo día, nuestros acompañantes nos regalaron un lápiz para poder seguir escribiendo nuestra historia junto a Él.

Señor, solo podemos decirte... GRACIAS POR TODAS Y CADA UNA DE LAS COSAS QUE HACES POR NOSOTROS.

Lucía Gabaldón (etapa Porciúncula)


Esta Pascua iba a ser especial, todas lo son, pero esta Pascua en tiempo de restricciones y aforos prometía ser incluso un poco más especial por estos inconvenientes.

Desde la fraternidad de Israel, nos propusimos buscar algún pueblo donde el aforo no fuese un problema, para dinamizar allí los oficios y así poder dejar también un poco más de espacio en la parroquia para que más gente del barrio pudiese disfrutar de los oficios y no se quedase fuera por el tema de los aforos.

Al principio no sabíamos muy bien los que íbamos a ir ni a dónde ir, pero gracias al Espíritu Santo, junto con la Providencia y las gestiones de algunos hermanos, nos encontramos en la iglesia de Anchuelo un grupo de 10 jóvenes junto con una cuadrilla de 4 niños (hijos de los matrimonios).

El resultado fue poder vivir la Semana Santa (y en especial los oficios) animando las celebraciones desde el coro con cantos y compartiéndolos juntos en fraternidad. Nos sentimos muy bien recibidos por todo el pueblo y en especial por el párroco que estuvo muy atento y cercano. Además, dejaron colocarnos en el sitio del coro (un espacio en la parte de arriba de la iglesia) y así podían estar también los pequeños más libres y los padres más tranquilos.

En definitiva, pudimos vivir esta Semana Santa en fraternidad, sin miedo a los aforos y animando con nuestros dones la vivencia de los oficios en Anchuelo.

Fraternidad de Israel (etapa Rieti)

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