Domingo 33º Tiempo ordinario: "Bien, siervo bueno y fiel"

15 Noviembre 2020

Bien, siervo bueno y fiel. Tengo miedo, Señor. Tengo miedo de mostrarme al mundo tal como soy, incluso con los talentos que Tú me has dado. ¿Qué dirá la gente? ¿Qué pensarán de mí? Seguro que me critican, seguro que en cuanto me ponga a hacer algo, me dirán que lo estoy haciendo mal. Y es que estoy cansado, Señor, de tantos palos, que continuamente me digan que lo hago mal, que me estoy equivocando... Tengo miedo de tropezar, de hacerme daño, de tropezar incluso en la misma piedra...

¿Qué has visto, Señor, en mí? ¿Qué has visto para que me tengas que regalar nada? Prefiero ir de puntillas por la vida, sin que se note, sin que nadie perciba mi presencia, sin destacar... prefiero ser humilde...

Pero, claro... es justo en este momento cuando me miras y me sonríes, y me recuerdas que aún tengo mi regalo sin abrir. Un regalo que me has dado a mí porque me conoces, porque sabes que yo, mejor que nadie, sabré que hacer con él. ¿Cómo despreciar un regalo tuyo? Sé por experiencia lo que es poner cara de desagrado cuando regalas algo a alguien sin que ni siquiera lo haya abierto. Perdóname, Señor... ¡qué tonto he sido!

Necesito confiar más en Ti. Me comprometo a hacerlo, a confiar más en Ti a partir de hoy, pero ayúdame; ya sabes que en seguida me vengo abajo.

Gracias por todo lo que me regalas. Hoy cogeré estos talentos que has confiado en mí y sacaré lo mejor de mí mismo. Dejaré atrás esa falsa humildad, reconociendo que todo talento ha sido un regalo tuyo. Ayúdame a descubrirlos. Ayúdame a seguir caminando. Gracias por el regalo, amigo bueno...