¡Yo, el sueño de Dios!

A veces tenemos miedo de nosotros mismos pensando que todo lo que hemos ido proyectando en nuestra cabeza es el proyecto que Dios tenía para nosotros pero una vez más Dios nos habla. Esta vez ha sido a través del Padre Marini, un pobre fraile.

Y entonces, Dios te grita que no quiere lo que tú has imaginado durante años, sino que tiene un proyecto para ti mucho mejor que el que tú tenías. En mi caso, los primeros momentos del curso fueron duros porque sentí que mi Fe era insuficiente, que nada de lo que hacía era suficiente y me ayudaba a resucitar pero conforme la voz italiana hablaba, el Espíritu Santo se expandía y me decía que había sido Él quien me había sacado de mi tierra, para labrarla, para amarla, para regarla de luz. Y cuando me quise dar cuenta, estaba empapada de Palabra viva.

Todos tenemos un Ismael dentro de nosotros que tiene que conseguir a su Isaac, esto me resulta más llevadero siendo acompañada, confrontando mi realidad con una mensajera que Dios me regala en el camino. El curso también me ayudó para saber y valorar la importancia de haber iniciado este acompañamiento para no engañarme con lo que quiero ser y llegar a dónde Dios me llama a estar y actuar.

Para mí, lo que más me ha gritado Dios estos días ha sido escuchar, por primera vez y no oír, que he sido creada a su imagen y semejanza. Que ante todo, soy un cuerpo, un cuerpo amado por Dios y hecho para que lo ame, la belleza está en todos mis órganos y en cada rincón de mi piel. Una belleza que Dios me ha regalado para nunca olvidar de que soy amada por Él. Y en segundo lugar, recalcarme que Jesús también estuvo en el sepulcro. Que yo voy a seguir bajando porque allí, me encontraré con mi Dios, mi Dios Padre y pobre. Bajando a mi cruz, resucitaré en ella.

Fueron Francisco de Asís y Clara hace siglos y hoy nos toca a nosotros: Comencemos hermanos…

 TCA.