Experiencia. ¡Ven a mí!

Con este lema de Ven a mí, han tenido lugar durante este curso 2016-2017 las tres convivencias vocacionales, donde se me ha dado a conocer tres de los pilares importantes  del carisma franciscano. Oración, fraternidad y minoridad- misión.

Cada una de las experiencias se ha desarrollado en distintas fraternidades de la Provincia: El Palancar (Pedroso de Acím-Cáceres), san Juan de los Reyes- Monasterio de santa Clara (Toledo), Cristo de la Paz (Madrid). Diferentes enclaves, que cada uno de ellos ha propiciado el desarrollo de cada una de las convivencias. Por su entorno y por el tema desarrollado en ellas

La primera de ellas, llevaba el titulo “Ven a mí y ora”, la segunda “Ven con nosotros” y la última “Vamos hacia el otro”.

Han sido tres convivencias que me han acercado más de cerca al carisma y a la vida de San Francisco.

Las tres experiencias han tenido un denominador común, que ha sido una catequesis sobre el discernimiento enfocado a los temas de la oración, fraternidad y vocación. Donde se nos ha dado unas claves para su mayor compresión y ponerlo en práctica en el día a día.

Los puntos que se han desarrollado en estas catequesis, me han servido y me están ayudando para discernir y ver con más claridad cuál es el proyecto de felicidad que tiene Dios para mí. Y cuál va siendo mi respuesta al amor de Dios.

Y después de estas primeras catequesis se han ido desarrollando el tema principal de cada una de ellas. Y cómo san Francisco vivió cada uno de estos pilares.

Para entrar un poco más en profundidad en cada una de ellas y lo que me ha aportado, realizaré un cometario de las mismas con un carácter pormenorizado. 

Oración:

Se presentó la figura de Francisco como persona orante, toda su vida fue oración. Haciendo hincapié en el encuentro, la escucha, el silencio. Como en todo esto en importante mirar y dejarse mirar por Jesucristo. 

Se nos dio unos puntos importantes de la vida d oración que tuvo san Francisco.

  1. Primacía del Espíritu. Ya que es el que toca el espíritu, uno se tiene que dejar hacer por él, abrirse a la gracia de su actuación
  2. Dimensión contemplativa. Hacer de los sentimientos de Jesús sus propios sentimientos. Esto le llevará a identificarse con Jesucristo incluso con los mismos estigmas de la Pasión.
  3. Reconocer a Dios, de donde procede todo bien. Somos criaturas necesitadas de nuestro Padre.
  4. Puesta en práctica de las virtudes teologales. (Oración frente al Cristo de san Damián)

Con estos puntos se nos planteo la importancia de la oración para el camino del discernimiento de nuestra vocación. Por lo tanto en la oración uno tiene que estar atento para descubrir lo que el Señor nos pide. Una vez que se va teniendo la certeza de que el Señor llama a la vida consagrada en el carisma franciscano, tomar decisión, optar y actuar. Es decir, poner la plena confianza en el Señor, porque Él no quita nada y da mucho.

Fraternidad.

El pilar fundamental de ésta es el amor. El amor que Dios tiene a cada uno de nosotros manifestado por su Hijo Jesucristo, en el anunció del Reino de Dios. AL ser Hijos de Dios, somos hermanos en Jesús y por lo tanto hermanos de todos siendo menores. 

Francisco en su camino de ir descubriendo la voluntad de Dios en su vida, va descubriendo el gran don de la fraternidad, y ello nos lo deja reflejado en el Testamento 

Francisco se basa en el Evangelio para vivir esto. 

La fraternidad no es fruto de la nuestra iniciativa sino que es un don que nos otorga Dios. 

En la fraternidad se dan unos rasgos:

  1. Somos Hijos de Dios y por la tanto hermano en Jesús. Y por la tanto nuestra relación dentro de la misma tiene que estar fundamentado en este principio.
  2. Tarea de amar. El salir hacia afuera, salir de nosotros mismos, de nuestros egoísmos. Se tiene que dar una ruptura personal con mi egoísmo.
  3. Este amor desinteresado donde mejor de percibe es en el servicio al otro. 
  4. Aceptar las debilidades personales. La fraternidad no es un grupo de personas perfectas sino que se tienen fallos y debilidades. A zonas  en las personas que se resisten a ser iluminadas, es decir son nuestras cruces, individuales y de la fraternidad. Es importante que en la fraternidad se dé la acogida, ya que todos necesitamos de esto, porque es expresión de que el Padre nos acoge.

Para que se pueda vivir la fraternidad acorde al mandato del Señor, tiene que verse también algunos rasgos psicológicos de las personas que no favorecen la fraternidad como pueden ser: la hipersensibilidad a las criticas; un equilibrio emocional, es decir, tener empatía; egocentrismo; falta de comunicación; dogmatismo rígido…

Para todo ello es importante hacer trabajo de introspección interior para conocerse a uno mismo.

Para tener una vida fraterna equilibrada se tiene que dar unas cualidades: humildad, paciencia, y paz de espíritu.

Minoridad y Misión.

La minoridad (pobreza) no es una virtud sino que el rostro de una persona Cristo pobre, siervo. Significa vivir la pobreza de Jesucristo. Siendo rico se hizo “pequeño” por cada uno de nosotros. 

La minoridad se tiene que relacionar con el despojarse de todas las seguridades. Esto es un proceso, un camino que se va dando poco a poco. 

San Francisco decía y dice, que renunciar a la pobreza es renunciar a Jesucristo. 

Referente a la misión, se podría decir que no existe vocación sin misión. La llamada te impulsa fuera de ti mismo, hacia el otro. Se tiene que dar un salir de sí mismo. La misión da una nueva identidad

La misión no se debe relacionar solo con el hacer, sino que se tiene que hacer una lectura más profunda, ya que está relacionado con el ser. 

La misión es personal. Y ésta pasa por una obediencia, como paso San Francisco. Vivió una forma de vida. Estuvo siempre disponible para lo que el Señor le iba pidiendo en cada momento. Lo mismo tenemos que hacer nosotros. 

Un rasgo que caracteriza a la misión franciscana, es que tiene que ser coherente con nuestro carisma. Por lo tanto la forma de vida condiciona a la misión y los medios deben ser respetuosos con la forma de vida. 

Después de haber realizado estas convivencias, que han supuesto un mayor conocimiento de la vida franciscana, también han sido momentos fuertes de encuentro con el Señor. 

Este conocimiento se tiene que ir reflejando en mi vida diaria, en la cotidianidad, ya que estos aspectos que se han resaltado van enlazados, y no se pueden vivir por separado. Tiene que haber un equilibrio entre ellos para vivir una vida coherente con la opción de vida y con la respuesta realizada al Señor.

Aunque en esta revisión, yo lo he separado, se tiene que ver como un todo. Ya que tanto la oración, la fraternidad y la minoridad – misión, se nutren una de la otra. Es decir, se retroalimentan.

Se me han dado claves para continuar profundizando en la respuesta de amor y en la opción de vida en el seguimiento a Cristo. 

Doy gracias a Dios por las hermanas franciscanas Alcantarinas y a los hermanos del Equipo PJV de la FAV que me han ayudado a discernir mi vocación. 

Israel Bonilla